Roman y Josune en Australia – Episodio 2

Hola a todos, desde la comodidad de nuestro sofa en Gold Coast os vamos a explicar como llegamos hasta él.

Como sabréis los que leísteis el episodio 1, tras despedirnos de la tropa Starboard en Tailandia, aterrizamos en Gold Coast a finales de Noviembre. Tenemos que agradecer a Caren Forbes que mandó un email de socorro a los componentes del equipo avisando de nuestra llegada, al que no tardaron en responder ni en abrirnos las puertas de sus casas, grandes personas como Beau O`Brian, Justin Holland y Pete Cox.

Como nuestra llegada fue de noche, no quisimos molestar a nadie, y alquilamos una habitación en el backpackers más barato que encontramos en Surfers Paradise (100 dólares la noche, tiradísimo vamos). Habíamos escuchado cosas estupendas sobre esta ciudad. Todas mentira. Ojo ! La ciudad está llena de gente y hay mucho ambiente, pero a nosotros nos va más un ambiente un poco más tranquilo que no incluye a quinceañeras borrachas gritando cada diez minutos. Hay que recalcar, que llegamos justo en la semana de vacaciones de instituto, en la cual todos los jóvenes de Gold Coast se mueven a Surfers para celebrarlo. Eso no ayuda.

El día siguiente lo pasamos recorriendo todas las agencias de la zona en busca de un pisito para alquilar, aunque no nos hizo falta, ya que el destino se puso de nuestro lado. Beau nos recogió en Surfers y nos acercó a Currumbin, un sitio ideal, tranquilo, verde, con playa y río. Nuestra intención era conocer la tienda Roar Industries que tienen Paul y Angie Jackson, saludarles y dejar nuestras maletas con ellos mientras continuábamos buscando un sitio para vivir. Sin embargo, resultó que su vecino alquilaba una casa con pisicna en la puerta contigua, y cuando nos la enseñó, tardamos medio minuto en meter nuestros equipajes.

Los siguientes días, ya con la tranquilidad de tener un sitio dónde vivir, decidimos hacer un poco de turismo local, a la vez que intentábamos adaptarnos al nuevo horario. A los australianos les gusta aprovechar al máximo las horas de sol, por lo que empiezan el día sobre las 5 de la mañana, y se acuestan hacia las 9 de la noche. Es increíble la cantidad de gente que hace deporte en este lugar. Es imposible salir a la calle y no cruzarte con gente corriendo, andando en bici, en canoas de todo tipo, pero sobre todo, muchísima gente haciendo SUP.

Los fines de semana se ven cientos de personas remando por el río, y otras tantas, en la desembocadura al mar o en las playas cercanas surfeando, con o sin remo. Nosotrosno fuimos menos entusiastas que ellos, y una vez visto el paraíso que teníamos enfrente de casa, empezamos a salir a remar todos los días, tanto travesías por el río, como jugando con las olas en la desembocadura al mar. En este último lugar, hay que tener cuidado, no por el tamaño de las olas, sino por el tamaño de las raya mantas que pasan por debajo de las tablas, y que para ser sinceros, asustan un poco. Alguna desventaja tenía que tener un agua tan cristalina.

Tras encontrarnos con un par de arañas de tamaño considerable, despertarnos con el ruido de las cacatuas y periquitos y ver algún canguro, decidimos averiguar un poco más sobre la fauna local y acercarnos al Wildlife Sanctuary, un parque de conservación de las especies australianas, que afortunadamente lo tenemos al lado de casa. Nos encantó, pudimos entrar en campos llenos de canguros y darles de comer, abrazar koalas y mirar con respeto cocodrilos de 4 metros y serpientes que prefieres no encontrar cerca de casa. Una vez mentalizados de que Currumbin sería nuestra casa para una larga temporada, empezamos a pensar en el tema de los visados para poder trabajar y pagarnos una vida en este país, que aunque estupendo, no es nada barato. Al ser españoles, esto se complicaba, ya que no teníamos la opción del visado de turista trabajador (Working holidays visa), visado de trabajador solo se consigue con sponsor y con el de turista es ilegal trabajar. Tras muchos quebraderos de cabeza, decidimos arrojar algo de luz sobre el tema y contactar con un agente de inmigración, Alden, que nos guió entre todas las opciones.

El resultado fue un visado de estudiante, que aunque era una opción que anteriormente no tuvimos en cuenta, fue la mejor, ya que permitió a Román conseguir una titulación internacional mediante la diplomatura de desarrollo de deportes, y nos permitía trabajar 20 horas semanales a ambos. Una vez solucionado el tema de la vivienda y visado, tocaba empezar a entrenar.

Como no, los entrenamientos de los grupos de Sup de la zona empezaban a las 5 de la mañana. Y aunque parezca mentira, eso no era lo más duro. Dos horas de entrenamientos diarios, a excepción de los domingos, en los que se trabajan un aumento de resistencia y velocidad en largas distancias, y las habilidades en olas, para llegar a tope a la temporada de carreras.

Y así, entre una cosa y otra, se nos pasó el primer mes en Oz. Os contaremos nuevas aventuras en el siguiente episodio.

 

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